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20.26 Mi alma canta de gozo

Un poco más de dos años y medio en Monte Adentro es lo que vi reflejado esta última semana. El primer tiempo, hasta encontrar una vivienda en El Asustado, estuve en Tres Isletas, yendo y viniendo hacia los parajes que acompañaba. En ese entonces, me alojó unas dos semanas Noe, a quien ya conocía. Me recibió con su sencillez, su alegría y su generosidad características. El finde pasado nos sorprendió la triste noticia de su muerte. La gran caravana hasta el cementerio expresó, en parte, lo querida que era. Ahí cantamos y pudimos reconocer algunas de sus cualidades en voz alta, dando gracias por el rostro amoroso de Dios que Noe nos reveló con su vida. En ese momento viajé a otras muertes y duelos que acompañé estos años en el Chaco. Doy gracias por haber experimentado la fuerte huella que pueden dejar quienes caminan a nuestro lado y la certeza del poder de la vida más allá de la muerte.

Estos días tuve la gracia de recorrer todos los parajes en los que he trabajado este tiempo y despedirme de mucha gente (aunque, claro, a mucha otra no llegué a saludar). Experiencia inmersiva en el monte chaqueño, en la que he sido recibida, alimentada, cuidada, adoptada y tantas cosas más. Cerrar una etapa y partir nos permite decir cosas que si no, es poco común expresar porque nos “bienacostumbramos” a que sean parte de lo cotidiano. La emoción en cada despedida limitó la cantidad de cosas que hubiera querido agradecer, pero pude hacer alusión a que me han dado todo, nunca me faltó nada. Y eso, tal vez, me llevó a mí a darlo todo también, con mis virtudes y defectos, con lo que no pude, lo que me hubiese gustado… pero eso no quita una entrega total del corazón. Doy gracias por haberme sentido hija amada de Dios en estas comunidades, en esta naturaleza, en esta simpleza de lo ordinario.

Encuentros, mates, caminos de tierra, variedad de aves, temperaturas extremas, mudanzas, abrazos, accidente en moto, re-concepción del tiempo, sanación, familia… Me quedo corta de palabras para expresar todo lo vivido, lo compartido. Doy gracias a Monte Adentro, por haber sido puente en esta experiencia hermosa, por el equipo con el que he trabajado y del que he aprendido, por haberme hecho conocer la riqueza de las comunidades rurales y dejarme poner mi granito de arena para que puedan seguir viviendo en armonía con la naturaleza en la que han nacido.

“Vivir es ir poniendo el corazón y un pie detrás del otro sobre el camino que se vaya abriendo”, Pedro Casaldáliga


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