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15.26 Lo que el monte deja

(por Pablo Marzocca)

Volver al monte chaqueño siempre representa mucho más que un viaje para mí. Cada regreso significa reencontrarme con la paz, la entrega, la vida en comunidad y la armonía con la naturaleza. Como voluntario, vivir esta experiencia una vez más me dejó aprendizajes, emociones y recuerdos difíciles de explicar.

Durante esos días participé en la construcción de módulos sanitarios para cinco familias del paraje El Tacuruzal. Más allá del trabajo físico, lo más movilizante fue entender lo que representa para cada familia tener un baño propio dentro de su hogar. Saber que ese trabajo mejora la calidad de vida de las familias y acompaña su día a día le da un sentido enorme a cada esfuerzo compartido.

También recorrí distintos parajes rurales y visité familias del monte, compartiendo charlas, historias y silencios que solo allí parecen tener valor. El tiempo transcurre diferente en el Chaco: más lento, más humano y más auténtico. Escuchar a la gente, compartir mates y dejarme atravesar por la simpleza de la vida cotidiana fue, una vez más, de los momentos más lindos.

Participé además en talleres de carpintería, electricidad, informática y apoyo escolar, espacios donde pude ver el enorme compromiso comunitario que existe en cada lugar y en cada persona. Luego de una jornada en el taller de carpintería, compartimos un rico asado entre todos, en un momento de encuentro y alegría que resumió perfectamente el espíritu de esos días: trabajo, comunidad y afecto.

Otro de los momentos más especiales fue el disfrutar la primera jornada de la Copa del Monte, donde pude compartir tiempo y conocer a los subcampeones de la Copa Mundial de Fútbol Callejero. También hubo tiempo para disfrutar con amigos de una peña folclórica de Piko Frank, una noche llena de música, y baile y muchas risas.

Boquerón volvió a ser el lugar donde pasé la mayor parte de mis días, un paraje con una energía especial, difícil de describir, pero imposible de olvidar.

Gracias especialmente a Chicha y a Sofi, con quienes compartí gran parte de estos días. Junto a ellas recorrí los parajes en moto para visitar a las familias y fueron quienes hicieron que cada momento en Boquerón se sintiera como estar en casa. Su compañía, su generosidad y todo lo compartido hicieron que me sienta muy feliz.

Cada vez que vuelvo al monte siento que recibo mucho más de lo que doy. Y eso es, quizás, lo que hace que siempre quiera regresar.


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