(por Aylén Alcaraz)
El domingo por la tarde, cuando miraba el pronóstico semanal y marcaba tres grados, supe que regresar al pueblo era imposible, como soy auxiliar docente del CFP (Centro de Formación Profesional) y las clases terminan a las 22:00hs. además me movilizo en moto, esto aumenta que el frío llegue hasta los huesos. El clima había decidido por mí, esta semana me quedaba a dormir en el paraje, mi paraje, “El Boquerón.”
Quedarme no fue un peso, al contrario, fue la excusa perfecta para volver a casa, revivir momentos con mis padres, hermana menor y abuelo, también conectar con personas que estoy conociendo este año. Sentarse a la mesa a compartir un almuerzo caliente y una cena larga fueron los momentos más destacados de esta semana fresca.
El día lunes, la primera mañana de helada en el Chaco me encontró en la ruta para poder llegar a las 12:30hs. a la escuela del paraje “La Peligrosa” donde doy clases de Lengua y Literatura en el nivel secundario, en la modalidad de pluriaño (tercero, cuarto y quinto años juntos).
La clase del día lunes de Carpintero de Banco del CFP coincidió con el cumpleaños de Matías, el profesor del taller. La cena se armó con la generosidad típica de nuestra gente: Nati Falcón, una de las alumnas, preparó un bizcochuelo casero, Néstor Rodruguez, otro de los alumnos, trajo dos kilos de chorizos para compartir. Celebramos la vida como se hace acá, en comunidad.

La noche del martes coincidimos con Andrea, que también se queda a dormir en el centro comunitario de Boquerón, hogar de Sofi de lunes a viernes. Así que terminamos las tres bajo el mismo techo. Mientras hablábamos con Sofi para ver qué cenábamos, Andrea dijo: “Yo cocino”. Automáticamente salimos a buscar los ingredientes que faltaban y en el trayecto, nos cruzamos con Chicha, que seguidamente se sumó a la cena. Andrea cocinó un rico guiso de arroz con pollo. A todo esto, ya teníamos planeado el almuerzo del día siguiente.
En la mañana fresca del día miércoles, cada una salió en su moto a diferentes parajes para cumplir con sus deberes, excepto Sofi porque está accidentada. El punto de encuentro fue a las 12:00hs. en casa de Susana, que nos esperaba con una sopa con zapallos, mandioca y choclos. Pasamos la siesta ahí, estirando el tiempo entre charlas con Alejo y Susana, quienes antes de irnos nos regalaron unos pomelos. Volvimos al centro comunitario donde nos esperaba Gise para la reunión mensual de “Beca Joven Rural”. A pesar de tener tareas diferentes, Sofi, Andrea, Chicha y yo somos tutoras de becados de los parajes rurales. Para terminar la tarde, me encontraba con Sofi tomando unos mates, recibo de la nada un mensaje de Nicole, mi hija de 8 años, diciendo: “Estoy por leer y comer pororó” junto a la foto de su libro y el pororó, ese momento me llenó de nostalgia y orgullo.
El jueves fue el turno de la clase de Montador Electricista Domiciliario con el profe Adrián Agüero. Era el día del primer examen teórico, por varias razones, asistieron pocos alumnos. Para coronar la jornada de posexamen, Walter Alfonzo, el cocinero del grupo, preparó pollo y chorizo al disco. Durante la sobremesa se armó un debate donde comparamos la educación de ahora y cómo era antes. Fue un lindo ida y vuelta ver los contrastes de las vivencias, especialmente porque Sofía es de Buenos Aires y traía la mirada de una realidad muy diferente a la nuestra.
El viernes por la mañana, en el curso de Operario Apícola, el profe Diego trajo mieles de diferentes colores para catar los sabores; fue una mañana muy dulce en todo sentido. Para finalizar la semana, salí nuevamente hacia el paraje La Peligrosa para reencontrarme con mis alumnos de la secundaria. Esta tercera semana de mayo tuvo un significado muy especial: fue mi primera semana completa, entre feriados y días de lluvias hasta el momento no había sido posible. En el monte, los días se miden en el calor de los platos compartidos, en las charlas extendidas y en el aprendizaje mutuo.
