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10.26 Los contrastes de la vida

El sábado pasado hubo Escuela de Fútbol en Boquerón. Un grupo de primaria y otro de secundaria, mixtos. Un rato para encontrarse, hacer deporte, aprender valores, divertirse. Asisten también chicos y chicas de otros parajes, como Basilia, Tacuruzal y Palmar Chico. La primera parte es más de entrenamiento y luego, el ansiado momento del partido. De estos espacios surgió un equipo que participará en el Mundial Infantil de Fútbol Callejero, conformado por 10 adolescentes (2 de cada paraje). Entre ellos, Josías, de La Matanza. Viajarán en mayo a Ciudad de México representando a la Argentina. Es la primera vez que se subirán a un avión, que conocerán otro país. Vienen entrenando desde el verano, hay nervios y entusiasmo. Qué hermosa posibilidad de interactuar con adolescentes de otros lugares del mundo, de ver paisajes y arquitecturas, de probar otras comidas. Y, sin duda, qué hermoso ejemplo para recordar que lo que nos apasiona puede llevarnos lejos, a experiencias impensadas.

Ese mismo sábado, la cooperadora de la escuela de Boquerón hizo venta de pollos para recaudar fondos. Con lo que juntan pueden arreglar la institución o comprar algo que necesiten, como heladera, ventilador, aire acondicionado. No pude comprar porque habían vendido todo, así que me invitaron a almorzar. Disfrutamos de unos pollos deliciosos a la parrilla, chori y mandioca, con Basilio, cuya hija va a la primaria, la familia de Lucía, que tiene un hijo en primaria y una hija en jardín, y la familia de las dos maestras que dan clases y viven ahí mismo. Después fui a saludar a Mateo, que cumplió 1 año. Vive en Boquerón, con su mamá, su papá y sus dos hermanos. Cuando llegué, había música y partidos de truco. Tomamos mate, cantamos el feliz cumple, nos sacamos fotos con Mateo, cortamos la torta, bailamos chamamé. Celebrar la vida siempre convoca, siempre hace bien.

Por su parte, la lluvia no da tregua. Hay gente incomunicada porque desde el domingo hay parajes sin luz, caminos cortados, lugares inundados. Hubo que evacuar personas de sus casas. Hay quienes pudieron permanecer ahí, pero perdieron heladeras, colchones, muebles. Por supuesto, no hubo clases en toda la semana en toda la región. Mientras tanto, hay colectas y personas voluntarias, intentando ayudar, haciendo donaciones o entregándolas. Juan José Castelli es el centro urbano más afectado por acá, junto con su zona rural. Colchones, frazadas y alimentos no perecederos es lo más necesario ahora, me decía Estela, de Cáritas Castelli. Y también me decía que lo difícil no es solo el presente, sino el pensar en cómo acompañar el futuro de las personas afectadas.

La vida es posibilidad, pero también tristeza; es motivo de celebración y también, frustración. Así vamos acompañándonos, recordándonos que vamos en comunidad, animándonos.

«No te rindas, por favor, no cedas, / (…) aún hay fuego en tu alma, / aún hay vida en tus sueños, / (…) porque no estás sola, / porque yo te quiero», No te rindas, Benedetti.


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