Uno de nuestros sueños tomó forma concreta esta semana: el Centro de Formación Profesional en Boquerón. Un espacio de aprendizaje para mayores de 18 años en la zona rural, que brinda un título oficial. Vienen de otros parajes también, pues es más accesible llegar ahí que tener que ir a hacer un curso al pueblo. Empezamos con Electricidad, que se cursa dos veces por semana y hay 17 personas anotadas, de las cuales 4 son mujeres. Celebro esto último porque me habla de cierta apertura en ambientes más relacionados a los varones. También arrancó Apicultura, con el profe Diego, que es un apasionado de las abejas. Antes de iniciar la clase, reflexionábamos acerca del proceso de la miel y de la naturaleza en general, de los tiempos y del trabajo majestuoso de las abejas, que eligen la mejor floración para hacer la mejor miel, porque ellas después se alimentan de ahí. Qué lindo tener un profe al que le brillan los ojos cuando comparte lo que sabe de su materia. Ese conocimiento tiene otra llegada.
El miércoles tuvimos misa en Boquerón. David y Tiago, de 11 años, se ocuparon de las lecturas, con mucha seriedad y algo de nervios. Luego, con la compañía del padre Walter, compartimos unos mates y hablamos sobre la fiesta de San José Obrero (patrono del paraje), para la que se está preparando una cabalgata. Charlamos también sobre la posibilidad de que yo pueda mudarme a la capilla, que tiene, además del templo, un cuarto y una cocina. Ese había sido mi sueño original, cuando me vine para el Chaco, en El Asustado (paraje donde viví primero). Todo este tiempo fue una oportunidad para descubrir y encontrarme con Dios de un modo más implícito, ordinario, oculto. Finalmente, en mi tercer año por estos pagos, se da la posibilidad de que viva en una capilla. Lo tomo como un tiempo de experiencia comunitaria, de poner en práctica el aprendizaje de habitar el espacio sagrado que no tiene que ver con un edificio.

El sábado fui a Sáenz Peña con Eli y Nancy. La noche anterior me invitaron, de repente, a un encuentro organizado por la Pastoral de Adicciones. Haber trabajado en el Hogar de Cristo fue una de las experiencias más fuertes y hermosas de mi vida. Su invitación tocó esa fibra, así que a las 7 de la mañana estábamos en el auto, iniciando el viaje de 60 km que nos separan de Tres Isletas. Me resultó conmovedor ver que en muchos lugares hay gente con deseos de responder a esa problemática, de acompañar a quienes sufren adicciones, generando espacios en capillas, clubes, parroquias, casas particulares. Hablé con Leo y Jorge, que hicieron su proceso de recuperación en una granja en Las Breñas y hoy uno ya volvió a su casa, con la alegría y los desafíos que eso conlleva. Después, fuimos con las chicas a almorzar por allá y me sentí una bendecida por poder salir a comer, dar un paseo, tener el tiempo para ir a una charla, compartir con gente buena. Y agradecí a la Providencia de Dios, que siempre me ofrece encuentros en los que puedo reconocer al Espíritu, como Eli y Nancy, como Leo y Jorge, como la gente de los parajes, como cada persona con la que camino.
«Yo voy soñando caminos / de la tarde (…) / ¿Adónde el camino irá? / Yo voy cantando, viajero / a lo largo del sendero…”, Yo voy soñando caminos, Antonio Machado
