El sol estuvo pegando fuerte este último tiempo, con días de más de 45 grados de térmica. Una mañana salí en la moto, luego de varios intentos de hacerla arrancar y personas que me ayudaron a lograrlo. Pero fue apagando lentamente y me dejó de garpe en el camino. Tuve que andar unos 15 minutos con ella al lado, atravesando arenales, cerca de las 12 del mediodía. Con mi camisa de mangas largas y mi gorrita, pensaba “Qué bueno que no hace el calor de la semana pasada”. Igual la temperatura era alta y el sol se hacía sentir. Luego de pasar por una casa y comer algo, volví al centro comunitario. Enseguida me empecé a sentir muy mal, no paraba de vomitar y se me bajaba la presión. Ninguna pastilla me hacía efecto, así que la llamé a Meri, que estaba en el pueblo. Enseguida fue a buscarme y me llevó al hospital de Tres Isletas. Tenía un dolor de cabeza muy fuerte, que se me fue pasando a medida que el suero entraba en mi cuerpo. Qué privilegio poder llamar a alguien y que salga al rescate. Qué bendición tener una amiga cerca.

Aunque haya personas con las que contamos, a veces nuestras susceptibilidades no nos permiten disfrutar de lo que compartimos porque nos quedamos en lo que nos falta: no me escribió, no me preguntó, no me ofreció… en el modo en que yo esperaba. Y puede llevarnos a sentir la soledad. Yo estaba en un día de esos cuando le dije a Noe Mini que me invite a comer a su casa. En su gran generosidad, me dijo que no llevara nada. Ella no tenía planeado lo que haría, pero después de mi mensaje, salió a comprar algo para cocinar. Hizo milanesas a la napolitana con papas fritas y ensalada mixta. Mi comida preferida. Ante mi sorpresa y deleite, Noe me dijo: “Entonces cociné para vos porque no tenía nada pensado”. Más allá de que ella no supiera que era mi plato favorito y no lo haya hecho para satisfacerme en ese sentido, me emocionó. Alguien me estaba esperando para compartir gratuitamente. Qué privilegio poder sentirse mimada. Qué bendición tener una amiga cerca.
Noe Genes (otra Noe) cumplió años y celebramos en su casa, al modo Genes: mucha gente y mucha comida. Ñoquis caseros, estofado de pollo, empanadas. Una torta Rogel para soplar las velitas, hecha por ella misma (aunque no le gusta el dulce de leche), un brownie de Meri, pastelitos, pastafrola. Y estar. Reírnos, contar anécdotas, andar con los animales, jugar, lavar los platos, tomar mate. Noe, además, está con los últimos finales de su carrera, así que un día salimos a almorzar para celebrar su examen rendido (y aprobado). Al margen de los resultados, es importante alentarnos porque tal vez lo que hoy no se pudo, mañana sí. Y lo sobrellevamos mejor, lo podemos intentar con más ánimo. Qué privilegio tener una red de contención que cree en lo que hacemos. Qué bendición tener una amiga cerca.
En lo simple de la vida, el desafío de permanecer, en los vínculos y en las circunstancias, cuando todo es divertido y cuando es monótono, cuando hay calma y cuando hay crisis o distancias.
«Puedo pensar en muchos amigos que fueron una fuente de gran aliento para mí en momentos de pruebas y desconcierto. El que tiene fe ve en ello la misericordiosa providencia de Dios», Autobiografía, Mahatma Gandhi