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9.26 Caminar la propia historia

Igual que el año pasado, este viene siendo un inicio de actividades con interrupciones, a causa de la lluvia. En el campo se embarran los caminos, las escuelas suspenden sus clases, los puestos de salud no atienden, se corta la luz (sin internet, la gente queda incomunicada porque casi no hay señal de teléfono; sin electricidad, no sube el agua al tanque y, entonces, no sale “automáticamente” de la canilla). Es más que simplemente mal tiempo. Muchas veces me cuesta atravesar esa circunstancia. Quizás es la posibilidad de experimentar ciertas pobrezas: impotencia, soledad, inutilidad. Quizás es la posibilidad de trascender la mirada, de encontrar la simpleza, de conectar con la fragilidad.

Algo que sí pudimos empezar fue el apoyo escolar de primaria en Boquerón, con Sofi como profe, que trabaja desde marzo en Monte Adentro. También porteña, vino a compartir este año, al servicio de las comunidades. El grupo del apoyo sale de la escuela 12.45h, luego de almorzar ahí, y va al centro comunitario (que está al lado). Hicimos juegos, dibujamos, escribimos y pintamos algo para presentarnos. Nos contamos cuál es nuestra comida preferida, con quién vivimos, nuestro color favorito. Además, dibujamos un mapa del paraje, marcando lugares como la escuela, el kiosko de Ramiro, el aserradero, la canchita, la capilla, el centro comunitario; animales típicos, como lechuzas que puedan echar mal de ojo a gatos; y árboles de la zona, como algarrobo, quebracho colorado y lapacho. Un hermoso ejercicio de reconocer lo que nos rodea y de dónde venimos, lo que nos hace, en parte, quienes somos.

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Sofi vive en Boquerón durante la semana. Y ahora también los jueves duerme ahí Aylén, preceptora del Centro de Formación Profesional (CFP) y compañera de Monte Adentro, como tutora de becas. Así que hemos inaugurado el Jueves Cultural, un espacio para comer algo rico y tener un momento artístico (breve y sencillo, porque empezamos al terminar la clase del CFP, después de las 22h). En la distancia física de vínculos cercanos para quienes venimos de otro lado, es importante dar lugar a momentos así, de desconexión laboral y encuentro gratuito. El jueves me tocó preparar la comida, llevé una picada medio saludable: zanahoria, nueces, queso… papas fritas, maní, palitos picantes, picadillo. Es un poco desafiante pensar esa cena porque Sofi no puede comer harinas. Igual hubo un pan casero para las que sí podíamos untar con picadillo. Y a ella le tocó llevar la dinámica cultural. Nos pidió una foto de nuestra de chiquitas y compartimos cómo éramos entonces; expresamos qué cualidad de la infancia en general nos gustaría tener ahora. Terminamos escuchando Quilpué, una canción de El Árbol de Diego, y fuimos invitadas a reescribirla en nuestro corazón.

“No hemos de perder el rumbo, / los dos somos güena yunta; / el que es gaucho va ande apunta, / aunque inore ande se encuentra”, Martín Fierro, José Hernández


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