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8.26 Ofrenda amorosa

Basilia es uno de los parajes nuevos que acompaño este año, donde viven unas 10 familias. Solo hay escuela primaria, en la que el profe Mati, oriundo y habitante actual de Boquerón, tiene a cargo 7 estudiantes. Un aula, plurigrado. Cada día una mamá se ocupa del desayuno y el almuerzo del grupo. El día que fui estaba Nina, cuya hija Luli va a segundo grado y Juampi, su hijo mayor, termina este año la secundaria en Boquerón. Nina tiene una dulzura característica, que siempre me hace sentir bienvenida. Tomamos mate, me contó de su suegro, con quien vive y que está con unos problemas de salud, para lo cual tienen que ir hasta Sáenz Peña para que lo atiendan. En Tres Isletas hay una atención médica básica, quienes necesitan especialistas deben ir a alguna ciudad grande. Además, visité a Maura y Arturo, una joven pareja. Otras veces que he ido, estaban su hija Luciana y su hijo Chano, que van a primaria. El desafío esta vez era la capacidad para comunicarme, a causa de su sordera. Antes de ir a su casa, le pregunté a su hija cómo decir algunas palabras: escuela, cocinar, lunes. Solo necesitaba eso para transmitirles un mensaje. Me contaron que uno de sus perros había estado enfermo en su momento, muy delgado, y otro ladraba mucho a cualquier persona que llegaba. Y me regalaron una torta parrilla. Y entendí todo: lo de sus mascotas y el cariño en su ofrenda.

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Por segundo año consecutivo, la fundación cordobesa Todo por Todos nos visitó este finde largo. Acompañan distintas localidades del monte chaqueño por medio de atención médica. Entre especialistas, estudiantes del último tramo de Medicina y grupo voluntario, eran unas 40 personas. Clínica, Ginecología, Kinesiología, Odontología, Pediatría, Psicología, Traumatología y Veterinaria al servicio. Estuvieron tres tardes en el hospital de Tres Isletas, una mañana en Boquerón y otra en El Asustado. La gente pudo acceder a controles, medicamentos, estudios, curaciones en su lugar de origen o cerca de ahí, gratuitamente. Y lo aprovecharon porque hay miles de casos como el del suegro de Nina, que tienen que hacer al menos 60 km hasta Sáenz Peña, cuando no es algo más grave y deben viajar hasta Resistencia.

El equipo atendió en el hospital la misma tarde que llegó, exclusivamente a personas con discapacidad. A la mañana siguiente, estaban a las 8 en Boquerón, armando los gazebos a modo de consultorios, improvisando mesas que no alcanzaban. Almorzamos empanadas hechas con ingredientes que donó la comunidad y amasadas por algunas mujeres también de ahí. A eso de las 3 de la tarde volvimos, para que a las 4 estuvieran en el hospital, recibiendo esta vez al público en general. Esa noche terminaron de atender a las 10. A las 9 de la mañana siguiente llegaban a El Asustado. Armaron nuevamente los gazebos con lo que precisaba cada especialidad. Después del mediodía comimos, gracias a esa comunidad, chivo, pollo, papa, mandioca y pan casero. Por la tarde, otra vez al hospital del pueblo, para levantarse a la mañana siguiente y volver en sus vehículos a Córdoba, Rosario y Buenos Aires.

Entregar su tiempo a las comunidades más vulnerables, poniendo a disposición sus conocimientos, atendiendo amablemente a cada paciente. Ese es el Evangelio encarnado en el que creo, el que me mostró cada integrante de esa fundación. Ese es el amor de Dios que celebro en esta Pascua, el de cada una de esas personas ofreciendo la vida en el operativo médico.

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