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2. La tierra sagrada

Teníamos todo listo para arrancar el lunes la Escuela de Verano en más de 20 parajes, pero la lluvia del domingo nos hizo empezar el martes. Hubo cambio de planes, pero no cambio de energías. Fue un inicio con las mismas ganas de conocer y encontrarse. Por este mes se sumaron Clari, de Salta, y Ezequiel, de Morón, desde Enseñá por Argentina. Es lindo ver ese primer contacto con el monte, con la gente, con la moto, con las actividades, con el resto del equipo… Y recordar mi primer contacto con todo eso, hace dos años. Si bien cada día es distinto y no hay en mi tarea una rutina estricta, es ya un escenario familiar. Si bien la esencia me resulta conocida, siempre hay algo novedoso. Por ejemplo, ver a quienes se incorporan cómo recorren los caminos para llegar a los parajes, esos que al principio parecen todos iguales: tierra y árboles. Saber por dónde vamos implica agudizar la mirada, la atención, la memoria.

La gente nueva también renueva la energía, las ideas. En el paraje Medialuna, con un grupo de secundaria, Clari generó un momento en el que tenían que conectarse con sus sentidos, con la naturaleza que los rodea, con lo que les emociona de este contexto. Les dio la posibilidad de hacer un registro que no es tan común acá, donde casi no hay otro espacio que les ofrezca detenerse en eso. Por su parte, Ezequiel trajo un proyector y le ofreció ver una película al grupo de primaria del paraje Basilia. Bastó una tela, un alargue y unos pochoclos para que el cine llegue al monte chaqueño, con “El extraño mundo de Jack”. Sin duda, Eze también ofreció la posibilidad de tener una experiencia que no es común acá.

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Además de estar en Boquerón y La Gloria, como durante el año, me toca ahora acompañar parajes que no tienen quien coordine durante el verano. Eso me permitió llegar a personas que no conocía o casas de familias que sí conocía, pero que nunca había visitado; y también ir por caminos que no había recorrido, paisajes nuevos (aunque parezcan similares a otros). Tengo especialmente por este mes, entonces, la oportunidad de conocer más La Peligrosa, Lote 8 – Santa Rita, Medialuna y Basilia. Eso me permite profundizar en el árbol genealógico del monte (porque encuentro por doquier familiares de gente que conozco de otros parajes) y ampliar el mapa de la zona, con su flora y su fauna. Y, en este caso, son las personas de esos lugares las que me dan a mí una posibilidad: la de alegrarse porque llegue alguien nuevo a la casa (algunas les preguntaron a otras si la Chicha -o sea, yo- ya las había visitado), la de seguir descubriendo la generosidad y la hospitalidad, la de tocar la tierra sagrada de más vidas que le dan sentido a nuestro monte.

“Es muy bueno que te acuerdes. Entonces sucede una maravilla. El pensamiento crece, crece y toma por su cuenta toda nuestra cabeza y nuestro corazón. Vive en nuestros ojos y en todos los momentos de nuestra vida”, Mi planta de naranja lima, José Mauro de Vasconcelos


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