En noviembre de 2023 estuve un mes en Boquerón. Nelson y Nati fueron de las primeras personas que conocí. La disponibilidad que tenían entonces no ha cambiado con los años, su espíritu generoso permanece. Aquella vez me invitaron a comer y Nelson tuvo el gran gesto de amasar por primera vez unos fideos, en honor a mí. Esta semana fui a almorzar y también hubo fideos amasados, pero de espinaca y con Nati liderando la cocina, porque él estaba muy atareado, cargando un horno de carbón con la gente que trabaja en su campo. Un estofado de pollo con mandiocas y un vino blanco fueron los acompañantes. Brindamos por todo lo caminado hasta acá. Qué lindo es tener la oportunidad de mirar para atrás, ver todo lo recorrido, agradecernos mutuamente, valorar la entrega de cada quien, desde su lugar, según sus posibilidades.
El miércoles en el taller de Huerta participaron 3 voluntarias de Monte Adentro. Coco y Toti, dos italianas de 18 y 20 años, y Margot, una londinense de 22. Se quedan en Boquerón dos y tres semanas, respectivamente. Dan un taller de Informática para primaria y la semana próxima empiezan un taller de Inglés. Adolescentes de segundo año fueron a entrevistarlas. Articulamos con la profe de Inglés y esa fue una tarea para la materia. Cada quien tenía dos preguntas para hacerles, escritas en un papel. Aún con esa ayuda memoria, sudaban y reían, les costaba mucho hablarles. Más valioso entonces el esfuerzo que hicieron, aunque era una tarea, de animarse a hacer algo que no habían hecho antes, que les daba vergüenza. Traspasar los propios límites, lanzarse, atravesar el dolor de panza que dan los nervios.

El clima continúa inestable, con lluvias sorpresivas y vientos que bajan la temperatura. Por eso suspendimos la oración a san José Obrero, de cada 1.° de mes, y la hicimos al día siguiente. Hacía frío, pero nos calentamos con unos mates. También le dedicamos la oración a la Itatí, advocación muy querida en esta zona, cuya fiesta es en julio y en muchas casas la celebran a lo grande. Después, compartimos facturas, bizcochuelo, pan casero y mermelada de mandarina hecha por doña Tina. Y otra ronda de mate, claro. Mientras, Nelson subió al techo, para ver por qué el agua salía con feo olor. Encontró un pequeño nido de avispas, que entraron por un huequito. Valiente Nelson, que las sacó metiéndolas en una bolsa. Tantas cosas valiosas me ofrece esta gente: sus dones, su tiempo, su solidaridad.
«Dar amor no agota el amor, por el contrario, lo aumenta. La manera de devolver tanto amor es abrir el corazón y dejarse amar”, El Principito, Saint-Exupéry
