16 a

16.26 Experiencia inmersiva

En el Chaco despedimos a un otoño particularmente lluvioso y con fríos más tempraneros que en otros años. La naturaleza marca ritmos, que nos frenan o aceleran, según cómo reaccionemos. Y a veces hay que seguir, trascendiendo las circunstancias, recibiendo lo que se puede, más allá de nuestras expectativas. En medio de semanas lluviosas, nubladas, frías, empezamos un taller de Huerta en Boquerón. La asistencia fue baja, pero la alternativa era esperar a las condiciones óptimas (que nunca se sabe cuándo llegarán). Elegimos arrancar. Belén, más conocida como Rulo, es nuestra tallerista, Religiosa de Jesús-María y agrónoma. Nos acompaña en este proceso de preparar la tierra, sembrar, cuidar las semillas. Por ahora, participan Lili, Lidia y Yoli, y a veces se suman Sofi y Andre, compañeras de Monte Adentro. A pesar de ser un grupo pequeño, ya hemos sembrado y alambrado el espacio, para que no entren gallinas, chanchos ni caballos que merodean la zona. Para mí, el mejor momento es el de tocar la tierra, hacer espacio para la semilla. Luego queda regar y esperar. La naturaleza, maestra de procesos.

Esta semana vino Lau, de Enseñá por Argentina. Es tutora de Maxi y Luján, profes de apoyo escolar de Monte Adentro. Participó activamente en el taller de Huerta y después fuimos a almorzar a lo de Sole, quien vende comida todos los mediodías, en especial a docentes de la escuela de Boquerón, en modalidad delivery. Cuando viene alguien de otro lado, le pido a Sole que nos haga un servicio en su casa. Recorrer su campo, con sus animales, su huerta, su cocina; sentarse a su mesa, ver su paisaje, respirar su aire. Nos recibió don Nene, papá de Sole, y nos mostró lo que había sembrado esa mañana, además de los chivos y los chanchos que crían. Doña Tina, la mamá, nos sirvió el estofado de carne, con papa y mandioca, jugo natural de pomelo y de postre, queso con dulce de mamón. Escuchamos sus actividades cotidianas, vimos los frutos de su trabajo. Los 5 sentidos se abrieron y se encendieron fibras profundas, que nos conectaron con nosotras mismas y con el resto.

De ahí fuimos a Basilia, a la clase de Maxi. Era día de Matemática. Jugamos con dados, sumamos, pintamos, hicimos una recta numérica humana, saltamos. Nos divertimos. Luego, a Pampa Esperanza, a la clase de Luji. Era día de Lengua. Con Ange, Benja y la Chucu, de séptimo grado, hicimos un cadáver exquisito, al cual Lau y yo nos sumamos. Al principio, no se animaban a escribir nada, pero finalmente nos reímos al leer el relato que había quedado con esa técnica surrealista. También hubo tiempo para un Tutti Frutti, juego que no conocían. Pensar comidas con la letra G fue todo un desafío… Espacios de aprendizaje, de compartir, de diversión, de actividades colaborativas. Conectamos con el jugar, con las miradas de los demás. Una hermosa jornada de experiencia inmersiva.

“No el mucho saber harta y satisface el alma, sino el sentir y gustar de las cosas internamente”, Ejercicios Espirituales n.° 2, Ignacio de Loyola


Sitio independiente de noticias miradas y recursos compartidos