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14.26 Pequeñas comunidades

Las lluvias pueden generar cortes en los caminos de tierra, embarrándolos, llenándolos de agua. En el paraje Basilia hay una parte que suele cortarse y hasta hace muy poco aún estaba intransitable. Recién esta semana pude llegar a una casa que está más allá de ese tramo. La guardia perruna dio aviso de mi llegada y también un ruido en mi moto. Salió Raquel a recibirme, que me había visto apenas una vez en un evento comunitario, y enseguida me preguntó: “¿Gusta pasar?”. Le conté sobre el fuerte ruido en mi moto, con la esperanza de que alguien de su casa pudiera ver qué era. Lo primero que hizo, después de ofrecerme asiento, fue mandar a su hija a calentar agua y abrir un budín y unas galletitas para agasajarme. “Coma” y “sírvase”, en ese respetuoso trato de “usted”, son las palabras que se repiten con insistencia en esas circunstancias. Ivana, la hija más chica que va a la primaria, estaba en la escuela y Epifanio, el papá, estaba trabajando Arriba: el caballo amansado. Abajo: zapallo de la huerta en el campo. Además, de Raquel, la mamá, me recibieron Cande, que empezó este año la secundaria y al rato se iba para allá, y Anto, la hija mayor, que tiene 20 años, pero aún le queda una materia por rendir. Invité a las chicas al apoyo escolar y a las grandes al Centro de Formación Profesional. Después pregunté si alguien sabía algo de motos y Anto ofreció los servicios de Seba, su pareja, que vive ahí.

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Raquel le pidió a su hija que cocinara y eso era una invitación implícita para mí, así que me quedaría a almorzar. Mientras fuimos a ver mi moto, llegó Epifanio a caballo, al que había mandado a amansar con un vecino porque era “muy chúquero, no se dejaba ni agarrar”. Seba descubrió que estaba flojo el caño de escape y faltaban dos tuercas para hacer presión. Que a la Chicha se le salieron dos tornillos fue el chiste del día. Compartimos su comida, sus mascotas y su huerta, sus historias, alegrías y preocupaciones. Raquel prometió que próximamente haría un locro, al que estoy invitada.

El jueves hicimos una oración por Pentecostés en Boquerón. Llegaron la tía Rita con su reposera para sentarse y Tere con su hijo Mateo, que cumplió un año hace poco y se bautizó en la fiesta de San José Obrero, el 1.° de mayo. Rita hizo una oración al Espíritu Santo, leímos una lectura y cada una dijo lo que más le interpelaba. Entretanto, unos mates y buscar cosas para recrear a Mateo. Éramos pocas, pero surgieron ideas para otras reuniones. Éramos pocas, pero escuchamos la palabra que Dios nos decía a cada una. Éramos pocas, pero éramos comunidad.

“¿Por dónde iréis hasta el cielo,
si por la tierra no váis?”,

Pedro Casaldáliga

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