Terminadas las vacaciones, esta semana retomamos nuestro trabajo en Monte Adentro, con miras a la Escuela de Verano 2026. Los primeros días recorrimos las casas, invitando a las familias a las actividades que habrá durante un mes en cada paraje. La propuesta implica un apoyo escolar algo camuflado, para que no sientan que es una clase, pero que les sirva a niños, niñas y adolescentes para que continúen sus aprendizajes en estos meses sin escuela. Además, un rato de deportes y actividades recreativas, y un desayuno con leche, chocolate, mate cocido, galletitas, mermelada, frutas y el tan ansiado picadillo. El último día de la Escuela de Verano vamos a disfrutar de un día de pileta en el pueblo. Tal vez ese es uno de los motivos que más convocan. Y tal vez por eso, cuando llegaba a algunas casas, las mamás me decían que sus peques ya habían preguntado cuándo empezaríamos los encuentros. Tal vez porque en los parajes no hay otras propuestas de colonias o actividades de verano como las hay en las ciudades. Tal vez porque les divierte hacer algo distinto, jugar con sus compas, conocer profes diferentes que vienen de otros lugares del país. Tal vez por el simple hecho de encontrarse…

Hubo lugares a los que no pude llegar porque el finde anterior había llovido bastante y había caminos cortados, llenos de barro aún. Hay casas que todavía hoy están aisladas porque el agua se quedó estancada. Quienes tienen experiencia en moto y osadía se animan a cruzar. Hay quienes se caen al intentarlo y hay quienes no. Hay quienes dudamos, reflexionamos y decidimos tomar otro camino, diferente del planeado. Eso me permitió ir a casas a las que no pensaba ir o estar más tiempo en las que pensaba estar menos. Pude visitar a Beti, que me compartió que a su hija le había costado mucho este primer año de secundaria y no sabe cómo ayudarla. Pude visitar a Marta, que estaba con su hijo menor y sus tres nietos que hoy tiene a cargo, quedarme charlando más tiempo del que pensaba, aceptar su invitación a comer unas riquísimas marineras -de hígado- con puré.
Después de varias semanas sin estar en el monte, nos volvimos a ver y la alegría de la gente me fue permitiendo aterrizar nuevamente. Esas decenas de visitas me ayudaron a volver, me reconectaron con algunos de mis deseos. Esos encuentros me recordaron para qué estoy acá, para qué está Monte Adentro. En esa misma línea, los últimos tres días de esta semana fueron de juntarnos coordinaciones y profes que llevaremos adelante la Escuela de Verano. Entre juegos, mates y planificaciones nos conocimos más, proyectamos con mucha emoción las actividades que nuclearán a niñas, niños y adolescentes, y sus familias durante un mes. “Una vida en comunidad” es el lema de este verano, pero bien podría ser el de todo el año o de toda nuestra existencia. Un lema que nos ayude a recordar nuestra esencia, nuestro principio y fundamento, y el único modo de seguir andando, con otras, con otros.
“Y no hay amor de uno / solo hay amor de todos / y por ese motivo / estamos hoy aquí”, Está la puerta abierta, Facundo Cabral
